Columna de Opinión; Volvamos a creer, por Francisco Bascur

Pareciera que hemos perdido la capacidad de soñar. Hoy todo es más concreto y menos volátil.

Para quienes nacimos en los años 80 y fuimos niños en los 90, la capacidad para agruparse y, colectivamente diseñar una forma de pensar los territorios de manera consensuada, es una utopía que la clase política mira desde lejos. Casi como una moda de campaña electoral, la participación ciudadana se convierte en retórica, es decir, en discurso barato que no se aplica nunca, y cuando se hace, ocurre como estrategia política de control social.

Estamos lejos -y a la vez cerca- de marcar la diferencia. Nuestra generación debe asumir un rol preponderante para cumplir con los sueños perdidos.

¿Cómo lo hacemos?
Refutando lo establecido, a través de la democracia como herramienta de cambio. No se trata de destruir lo ya avanzado; sino de reconstruir con diálogo, integración y valoración de lo alcanzado hasta el momento. Tampoco se trata de enfrentar a personas, sino de confrontar ideas y programas de acción, con metodologías accesibles a todos los actores relevantes, con humildad y poniendo en perspectiva las experiencias personales que podrían ser un aporte a la hora de levantar demandas ciudadanas.

Chile cambió y seguirá cambiando. Es tarea de todos y todas ubicarse en una plataforma para cambiar lo que no nos gusta. Algunos desde las organizaciones sociales, otros desde algún emprendimiento o también desde la función pública y de representación. Cada trinchera sirve para volver a creer que no todo está perdido y que el sueño existe a pesar de todo.